Conocer permite actuar (VIII). Drogas depresoras del sistema nervioso central: generalidades de los opiáceos

El opio y sus derivados son drogas depresoras del Sistema Nervioso Central.

Dentro de los opiáceos se encuentran entre otros: el opio, la morfina, la codeína, la heroína, la metadona…

Es un vasodilatador periférico, por lo que si bien causa calor corporal y enrojecimiento, se produce una pérdida de calor del cuerpo.

OPIÁCEOS: El opio se obtiene de la planta Papaver somniferum. Su uso suele ser con fines recreativos. En Europa en un principio se utiliza en preparaciones medicinales (Láudano).

Uno de los componentes del opio, es la morfina, que es 10 veces más potente que el opio crudo. Posteriormente se redescubre la diacetilmorfina, que recibe el nombre de heroína, siendo dos veces más potente que la morfina.

En medicina estos preparados se utilizan en los tratamientos para la tos y para el dolor.

Poco a poco, la aparición de problemas de dependencia entre los usuarios de opio, morfina y heroína, va llevando a la aplicación de leyes restrictivas.

Los opiáceos se introducen en el cuerpo de distintas maneras: a través de la mucosa nasal, inhalando a través de los pulmones, e inyectando bien a nivel endovenoso, intramuscular o subcutáneo.

Introducidos en el torrente sanguíneo, se distribuyen a través del cuerpo y traspasan la barrera hematoencefálica y llegan al cerebro. Se metabolizan en el hígado y se excretan principalmente a través de los riñones. Esta excreción es rápida (casi el 90% el primer día), aunque su rastro en orina permanece entre dos y cuatro días (la heroína se degrada a morfina entre otros componentes).

En el cerebro humano se encuentra una clase de sustancias químicas, las endorfinas, que funcionan como neurotransmisores, que tienen un efecto similar a los opiáceos, que también reciben el nombre de opioides (opiáceos endógenos).

Estas endorfinas son parte de un sistema natural, que posee el ser humano, contra el dolor, ya sea éste físico o psicológico. Se sabe que los opiáceos actúan sobre el sistema endorfínico cerebral.

EFECTOS DE LOS OPIÁCEOS:

El principal efecto que producen es la analgesia, existiendo otros efectos agudos como son la sensación de calor corporal, el picor cutáneo, la sensación de paz interna, la reducción del umbral de estimulación sexual (arousal), el deterioro de las relaciones sociales, etc.

A nivel fisiológico, sus efectos son parecidos a los de otras drogas depresoras del SNC, causando depresión respiratoria, disminución de la temperatura corporal, náuseas y vómitos; la miosis (o “pupila como cabeza de alfiler”) es muy característica, siendo uno de los indicadores de la sobredosis de opiáceos.

Diferentes estudios han demostrado que en prácticamente todas las sobredosis que se atribuyen a la heroína o a la metadona, existe siempre el consumo paralelo de otras drogas depresoras del SNC, especialmente alcohol y sedantes.

Con la ingesta crónica de opiáceos, se desarrolla tolerancia (disminuyen los efectos percibidos lo que lleva a una escalada en la dosis utilizada) y dependencia (es decir, se sufre un síndrome de abstinencia cuando cesa el efecto de la sustancia). Esto lleva a que la razón para consumir opiáceos varíe sustancialmente a medida que pasa el tiempo, ya que si bien al principio estas sustancias se toman para experimentar placer, pasan a tomarse para no experimentar el displacer de la abstinencia y esto refuerza el proceso adictivo pasando de ser la ingesta de la sustancia un refuerzo positivo, a ser un refuerzo negativo.

SÍNDROME DE ABSTINENCIA A OPIÁCEOS (SAO):

El síndrome de abstinencia asociado con la dependencia de opiáceos, puede aparecer incluso después de una o dos semanas utilizando heroína, morfina o metadona, y es más severo cuánto mayor es el tiempo de consumo y la dosis utilizada.

Los primeros síntomas aparecen entre 8 y 12 horas después de la última dosis e incluyen síntomas parecidos a los de un resfriado: rinitis, lagrimeo, sudoración, irritabilidad, temblor, etc. A medida que pasan las horas estos síntomas devienen más severos, incluyendo dilatación pupilar, anorexia y piloerección y alcanzan su máxima intensidad entre las 48 y 72 horas después de la última dosis. Estos síntomas ya incluyen elevación del gasto cardíaco y de la presión sanguínea, náuseas, diarreas y sudoración (que producen una peligrosa pérdida de fluidos) y dolor de huesos. Esta suele ser la base para volver a utilizar la sustancia y que el círculo se repita.

La utilización de opiáceos (como la metadona) en dosis decrecientes permite la superación de este problema y el abandono del consumo sin sufrir los síntomas de la abstinencia (se tratara más detenidamente en la próxima entrega).

No obstante, como la dependencia a una sustancia nunca es sólo física, a la hora de querer superar esa dependencia, hay que tener en cuenta todos los factores psicológicos y sociales que (igual que los físicos) determinan la adicción.

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