Mujer sentada al aire libre

1. ¿Por qué resulta tan difícil cambiar el estilo de vida?

Aprender a hablar en chino requiere del firme propósito de hacerlo y de elegir un procedimiento, el mejor de los posibles, que te permita practicarlo y ensayarlo. Son dos los procedimientos más socorridos para aprender éste u otro idioma: uno es el de apuntarse en una academia de idiomas, y el otro, si hay posibles, trasladarse a China y vivir allí durante un tiempo. Tenemos serias dudas acerca de la efectividad del primero de ellos, sencillamente porque cuando sales de la academia el contexto social en España te presiona para que hables español y no chino. Oyes hablar repetidamente, un día y otro día, en español, lo practicas también repetidamente y compruebas una y mil veces que aquello funciona: te permite comunicarte y desenvolverte a las mil maravillas. Hablar español es funcional y es por eso que resulta tan fácil aprender a hablarlo y tan difícil aprender a hablar en chino en España. En cambio, resultaría mucho más fácil aprender a hablar chino si rediseñamos el contexto en el que vivimos y decidimos vivir en China durante un tiempo.

Esta metáfora del idioma puede sernos de utilidad para entender por qué en las últimas décadas han aparecido problemas de salud de especial e importante prevalencia como la obesidad y la diabetes tipo 2 y por qué también resulta tan complicado su control. La razón no es otra que el comportarse de una manera saludable o de riesgo (no hacer ejercicio físico, alimentarse de una manera no sana, etc.) depende en gran medida del ambiente social y físico en el que vivimos, lo mismo que hablar español o chino depende en gran medida de si naces y vives en España o en China, en definitiva, depende del ambiente construido. Elegir comer saludablemente o estar más activo de manera que exista un equilibrio energético no son decisiones exclusivamente lógicas o racionales ni siquiera exclusivamente individuales sino que, por el contrario, son decisiones que están embebidas y condicionadas por el ambiente en que vivimos y que construimos.

2. El ambiente “obesogénico” que hemos construido

Este ambiente construido (Popkin et al. 2005) afecta al diseño urbano y a sus equipamientos, al sistema de transporte, a la utilización de las nuevas tecnologías, a la producción, comercialización y al sistema de distribución de alimentos, y condiciona sobremanera las elecciones que las familias e individuos hacen en relación con su alimentación y con la actividad física. Basten algunos ejemplos: el cambio de actividades agrícolas por aquellas otras que exigen estar sentados ante una mesa bastantes horas al día, la introducción del inalámbrico, del mando a distancia para ver la TV, del automóvil, del ascensor, del ordenador y de tantos otros ingenios tecnológicos pueden estar ahorrando a una persona un coste energético equivalente a si se camina varios cientos de kilómetros al año. Por otra parte, la inactividad se asienta y se establece porque conlleva efectos gratos reales e inmediatos. Los efectos nocivos, como la obesidad o la diabetes tipo 2, son posibles pero muy demorados. Con la actividad física, sin embargo, ocurre lo contrario: tiene muchos costes inmediatos y sus beneficios son demorados. Son funciones de ecología conductual que hacen probable que se desarrolle con facilidad el sedentarismo, sobre todo, cuando los recursos y dispositivos para la actividad física no están disponibles ni accesibles.

3. Desigualdades de salud y cambios en el ambiente

Los problemas de salud afectan de manera desigual y resultan menos manejables para quienes están peor situados en el contexto socioeconómico. No resulta fácil en estas dos páginas detenernos en sus mecanismos explicativos (accesibilidad de recursos, contexto cultural, precio de los alimentos, tipo de barrios, nivel de estudios, etc.) si bien la metáfora del idioma nos puede ayudar una vez más: quienes tienen posibles para contratar profesores de idioma de manera continuada o pagarse una estancia en el extranjero están en mejores condiciones de afrontar este aprendizaje.

Hay también condiciones sociales que pueden facilitar una mayor vulnerabilidad para desarrollar ciertos problemas. Veamos. Una amiga me comenta la historia de un matrimonio rumano que lleva dos años en España. Venían de una zona rural de Rumanía acostumbrados a los trabajos del campo y a una alimentación escasa y recalaron en Madrid para atender a un matrimonio de ancianos dependientes quienes les facilitaron el control de los alimentos sin aparentes limitaciones. Pasaron de un ambiente en donde la actividad física y la frugalidad eran la norma, a un ambiente en donde los alimentos hipercalóricos eran abundantes y accesibles y muy difícil llevar una vida tan activa como llevaban en Rumanía. La sorpresa de mi amiga crecía por semanas al verlos cómo “se redondeaban” progresivamente. Un buen día la mujer se encontró tan mal que tuvo que ser socorrida por el servicio de urgencia, fue hospitalizada y diagnosticada de diabetes tipo 2. Con independencia de su mayor o menor vulnerabilidad genética, la diabetes solo se manifestó como consecuencia de una obesidad importante y acumulada durante 2 años en relación, a su vez, con un cambio de ambiente.

4. Cambiar hábitos: una tarea de rediseño ambiental y personal

Reducir la obesidad y prevenir la diabetes tipo 2 requiere alimentarse de manera saludable y llevar una vida más activa. Y ello no resulta fácil. Tradicionalmente se han utilizado la información y las admoniciones como recursos por excelencia para cambiar hábitos y los resultados han sido y son insatisfactorios. Estamos sanos por lo que hacemos y no por lo que conocemos. Cuántos médicos saben por ejemplo que fumar tiene riesgos y a pesar de ello fuman y cuántos también conocen los problemas de la inactividad y de la ingesta de grasas saturadas y sin embargo el sobrepeso y obesidad afectan también a los médicos. Se requieren cambios en la ecología conductual.

Cambiar la ecología conductual implica una doble tarea de rediseño ambiental y personal (Costa y López, 2008) en donde la información puede ser una condición necesaria para facilitar elecciones informadas pero rara vez resulta suficiente para cambiar comportamientos. El rediseño personal requiere compromiso con acciones que tengan sentido por responder a valores personales importantes, tomar decisiones para redefinir los microambientes (familia, red social) en donde uno vive y que compense (coste/beneficios favorable). El rediseño ambiental implica establecer alianzas de naturaleza sectorial e intersectorial de manera que se comprometan aquellas agencias que tienen que ver con el diseño urbano, la producción y comercialización de los alimentos, los poderes legislativos (…) y los mediadores sociales (profesores, comerciantes, grupos organizados de la comunidad, empresarios, sindicatos,..). Todo ello requiere participación, con objetivos claros y factibles, de manera que los resultados sean un incentivo para el proceso. Y todo ello, por último, requiere también una propuesta metodológica clara y sencilla que pretendemos ir desarrollando en ulteriores colaboraciones.

BIBLIOGRAFÍA

Costa M y López, E. (2008). Educación para la Salud. Guía práctica para promover estilos de vida saludables. Madrid: Pirámide. Popkin BM, Duffey K y Gordon-Larsen, P. (2005). Environmental influences on food choice, physical activity and energy balance. Physiology & Behavior 86, 603-613.

Centro de Promoción de Hábitos Saludables