Frecuentemente los viajeros experimentan grandes y abruptos cambios en las condiciones medioambientales, que pueden tener efectos en detrimento de la salud y el bienestar. El viaje puede implicar importantes cambios de altitud, temperatura y humedad; así como la exposición a factores ambientales inusuales. El impacto negativo de los cambios ambientales puede minimizarse adoptando algunas precauciones sencillas.

CLIMA: TEMPERATURA, HUMEDAD, ETC

La exposición a altas temperaturas origina pérdida de agua y electrolitos (sales) y puede provocar extenuación por calor y golpe de calor. En condiciones de calor seco, es especialmente probable desarrollar deshidratación a menos que se tenga cuidado en mantener una adecuada ingestión de líquidos, aunque no se tenga sed. La adicción de un poco de sal de mesa a los alimentos y bebidas (a menos que esté contraindicada) puede ayudar a prevenir la extenuación por calor, especialmente durante el período de adaptación. El consumo de alimentos y bebidas que contienen sal ayuda a reponer los electrolitos en caso de extenuación por calor y si se suda abundantemente.

Una adecuada hidratación es especialmente importante en niños y personas mayores. Los niños se deshidratan más fácilmente que los adultos en caso de una ingestión inadecuada de líquidos o pérdida de fluidos (diarreas, vómitos, etc.) y pueden ser abatidos en pocas horas. Las personas mayores, deben estar atentos a su consumo de líquidos, ya que el reflejo de la sed disminuye con la edad.

El calor excesivo y los esfuerzos exagerados en esas condiciones, pueden provocar desde agotamiento, pérdida de líquidos y sales minerales hasta un grave golpe de calor que haga necesaria una intervención médica de urgencia. En los casos de agotamiento se recomienda tomar té y bebidas ricas en sales minerales (zumos de frutas y legumbres, caldos de verduras, etc.).

La exposición a aire caliente, seco y con polvo puede provocar irritación e infección del tracto respiratorio y de los ojos. En este caso, los lavados oftálmicos con suero fisiológico pueden ser de gran ayuda.

Siempre hay que tener en cuenta los contrastes importantes de temperaturas. En determinadas zonas, puede haber diferencias muy significativos entre el día y la noche, en otras estas diferencias las marca la altitud. En los centros comerciales, cines, museos, etc. así como en el interior de los vehículos, la temperatura suele ser inferior a 23 ºC mientras que en el exterior, esta puede superarse fácilmente en más de 15 ºC. Este contraste, aumenta la predisposición a los resfriados, faringitis y enfermedades respiratorias que pueden prevenirse utilizando la ropa adecuada.

Aunque menos frecuente, el destino elegido puede caracterizarse por ser una zona de bajas temperaturas, en ese caso, consejos y actitudes a tener en cuenta pueden consultarse pinchando aquí

Vestuario:

Es muy importante elegir ropa y calzado adecuados al lugar de vacaciones.

En las zonas cálidas y calurosas los vestidos deberán ser de fibras naturales (algodón, lino, etc.), ligeros, no ajustados y de colores claros.

En zonas tropicales (cálidas y húmedas) habrá que tener en cuenta la presencia de insectos y otros vectores transmisores de enfermedades, por lo que la ropa deberá cubrir la mayor parte posible del cuerpo: mangas y pantalones largos, calcetines, sombreros, etc., se debe valorar el uso de mosquiteras en la cara y la impregnación de la ropa con repelentes específicos para insectos.

El calzado será amplio y ventilado para evitar infecciones por hongos y deberá ser adecuado al clima y a las actividades a realizar. Para actividades de aventura y gran actividad deberá utilizarse calzado especifico, para largas visitas turísticas el pie debe ir cómodo, bien sujeto y con una plantilla adecuada, las chanclas solo son apropiadas para la playa o a la piscina y en países tropicales el pie debe ir completamente cubierto y con calcetines altos.

En zonas rurales, camping, acampadas, etc. y en especial en alojamientos en el campo se aconseja sacudir las sábanas y mantas antes de acostarse, así como la ropa y el calzado antes de vestirse, por si algún insecto u otro animal se hubiera ocultado en ellos.

RADIACIONES SOLARES

La radiación ultravioleta (UV) del sol incluye radicación UVA (longitud de onda de 315-400 nm) y UVB (280-315 nm), ambas perjudiciales para la piel y los ojos.

La radiación UVB es especialmente intensa en verano y en el período de 4 horas alrededor del mediodía solar.

La radiación UV puede penetrar el agua clara hasta una profundidad de 1 metro o más y su incidencia es mayor cuanto mas cerca se este del ecuador.

Los efectos adversos de la radiación ultravioleta del sol son los siguientes:

  • La exposición a la radiación UV, especialmente la UVB, puede producir quemaduras solares debilitantes e insolaciones graves, especialmente en personas de piel clara.
  • La exposición de los ojos puede causar queratitis aguda (quemaduras) y daño a largo plazo que provoca el desarrollo de cataratas, pterigio, degeneración macular (ambas en relación con la ceguera) y cáncer.
  • Los efectos adversos a largo plazo en la piel incluyen:
    • Desarrollo de cáncer de piel (carcinoma y melanoma maligno), principalmente debido a la radiación UVB;
    • Envejecimiento acelerado de la epidermis (deterioro estructural irreversible), consistente en pérdida de elasticidad y aparición de arrugas.
  • Muchas reacciones cutáneas adversas se deben a la interacción con numerosos medicamentos que pueden causar fotosensibilización y dermatitis fototóxica o fotoalérgica. Ciertos tipos de medicamentos, anticonceptivos orales, algunos medicamentos para profilaxis antipalúdica y ciertos antimicrobianos pueden producir reacciones adversas dermatológicas con la exposición a la luz solar. La aplicación tópica de ciertos productos, incluidos los perfumes, puede originar reacciones fototóxicas de contacto.
  • La exposición puede suprimir el sistema inmune, incrementar el riesgo de enfermedades infecciosas y limitar la eficacia de las vacunaciones.

Precauciones

  • Evitar exponerse al sol a mitad del día, cuando la intensidad de las radiaciones UV es más alta.
  • Usar prendas que cubran los brazos y las piernas (la ropa de verano es protectora frente a las radiaciones UV y generalmente más efectiva incluso que los filtros solares de buena calidad).
  • Usar gafas de sol con protección contra las radiaciones UV y diseño envolvente, así como un sombrero de ala ancha para protegerse del sol.
  • Aplicarse un filtro solar de amplio espectro con factor de protección solar (FPS) 15+ generosamente en las zonas del cuerpo no protegidas por la ropa, y repetir la aplicación frecuentemente (incluyendo protectores labiales).
  • Asegurar especialmente que los niños estén bien protegidos.
  • Comprobar, si se toma alguna medicación, que esta no afecta a la sensibilidad a la radiación UV.
  • Si anteriormente se han producido reacciones cutáneas adversas, evitar cualquier tipo de exposición al sol y a los productos que causaron las reacciones adversas.