La espiral de la violencia y sus consecuencias

La violencia es un proceso espiral que suele comenzar de una manera soterrada y poco a poco se convierte en una espiral. El inicio de la misma suele aparecer muy pronto, en el comienzo de la relación y su duración se suele extender durante un largo periodo en el tiempo. Se han descrito diferentes fases en esta espiral:

  • Fase de acumulación de la violencia, caracterizada por una acumulación cada vez más creciente de la tensión en la pareja.
  • Fase de agresión, donde la tensión acumulada cristaliza en una agresión física, psicológica y/o sexual.
  • Fase de “luna de miel”, en la que el agresor despliega todo un conjunto de estrategias para intentar que la relación no se rompa. En esta fase el agresor manifestará a la mujer agredida el arrepentimiento, pedirá perdón y desarrollará acciones de compensación hacia su pareja, como caricias, promesas de cambio, regalos. Con el tiempo, las fases de tensión y agresión cada vez serán más sostenidas en el tiempo, desapareciendo la fase de “luna de miel”, o convirtiéndose ésta en excepcional.

La vivencia de esta espiral de violencia y sus diferentes fases produce en la mujer tanto consecuencias física, psíquicas y sociales. No se debe olvidar que si existen hijos ellos también serán victimas de esta espiral, aunque sobre ellos no se halla ejercido agresión física. Las consecuencias principales para la mujer, por tanto serán:

  • Sobre la salud física: lesiones diversas desde contusiones, traumatismos, heridas; síndrome del intestino irritable, trastornos gastrointestinales inespecíficos y diferentes somatizaciones en cualquier sistema orgánico.
  • Sobre la salud sexual: relaciones forzadas, pérdida del deseo y disfunciones sexuales en general.
  • Sobre la salud reproductiva: trastornos menstruales, enfermedades de transmisión sexual, dolor pélvico, infecciones urinarias recurrentes, embarazos o interrupciones voluntarias de embarazo no deseado. Cuando la mujer esta en periodo de gestación puede aparecer amenazas de aborto, hemorragias, parto prematuro e incluso muerte fetal.
  • Sobre la salud mental: estados de hiperalerta, cuadros de ansiedad, depresión, trastornos del sueño, intentos de suicido, trastorno de estrés postraumático, abuso de sustancias. Así como aparente deterioro cognitivo.
  • Sobre el entorno social y de relación: pérdida de relaciones de amistad y con los familiares, llegando al aislamiento social, absentismo laboral y pérdida de empleo.

Las consecuencias principales para los hijas e hijos (aunque no sean ellos receptores de violencia directa física):

  • Somatización con cefaleas frecuentes, trastornos del sueño etc.
  • Afectación a su desarrollo personal con vivencias de estado de alerta continuada y de amenaza.
  • Dificultades en el ámbito escolar: dificultades de aprendizaje, absentismo y abandono de la educación.
  • Dificultades en sus relaciones de iguales con comportamientos de violencia o sumisión.
  • Mala resolución de conflictos.