Las enfermedades de transmisión alimentaria en los países industrializados han disminuido considerablemente; no ocurre así en algunos países exóticos o tropicales, donde continúan siendo una de las causas más importantes de enfermedad. Un dato a tener en cuenta si hemos elegido como destino de nuestros vacaciones países incluidos en la zonas de América Central y del Sur, Asia, Oceanía, y el continente africano.

De hecho, según un estudio publicado en The New England Journal of Medicine revela que aproximadamente el 8 % de las personas que viajen a estos países requieren asistencia médica durante o después del viaje.

La contaminación del agua y de los alimentos por microorganismos o sus toxinas constituye la fuente más frecuente de transmisión. Los agentes que más frecuentemente se ven implicados son:

Bacterias: Salmonella spp, E. Coli, Campylobacter spp, Shigella, Vibrio parahemolyticus, Staphilococcus aureus, Listeria Monocytogenes .
Virus: Enterovirus, Calicivirus, Rotavirus .
Protozoos: Entamoeba histolytica, Cyclospora cayetanensis, Giardia lamblia.
Toxinas de los moluscos: toxina diarreica (DSP), toxina paralítica (PSP), neurotoxina (NSP) y toxina amnésica

Por este motivo, si quiere disfrutar de su ocio y no sufrir ningún problema de salud, que pueda estropearle las vacaciones, es necesario que siga una serie de recomendaciones, entre las que podemos destacar:

No consuma alimentos procedentes de establecimientos que no le proporcionen confianza sobre sus condiciones higiénico-sanitarias.
Antes de comer y manipular los alimentos y después de ir al baño, debe lavarse las manos con agua y jabón. Las manos vehiculizan numerosos microorganismos.
Consuma bebidas refrescantes envasadas o beba agua embotellada o debidamente tratada, cuando no esté seguro de la potabilidad del agua de bebida y en este caso procure consumir bebidas que no precisen hielo para su enfriamiento.
Consuma la fruta sin piel y las verduras de consumo en crudo solamente cuando estén adecuadamente desinfectadas y lavadas con agua potable.
No debe consumir pescados y mariscos si duda de su procedencia, porque si no se encuentran sometidos a controles oficiales pueden estar contaminados con toxinas que no se destruyen con el cocinado.
Evite las preparaciones culinarias elaboradas con huevo crudo no sometidas posteriormente a tratamiento térmico, como es el caso de las salsas y ciertos postres, pueden ser peligrosos.
La leche y los helados deben consumirse pasterizados o debidamente higienizados. Los productos lácteos pueden estar contaminados con Salmonella , Staphylococcus aureus y, esporádicamente, con Listeria monocytogenes y Escherichia coli .
No compre ni consuma alimentos que no hayan estado adecuadamente refrigerados, puesto que a temperatura ambiente se dan las condiciones idóneas para la proliferación masiva de los microorganismos.
Asegúrese de que le sirven comida suficientemente tratada por el calor, ya que las temperaturas superiores a 70ºC destruyen la mayor parte de los microorganismos.

Si tras el consumo de un alimento sufre algún trastorno de tipo gastrointestinal, como dolor abdominal, diarrea, náuseas y vómitos, acompañados o no de fiebre o reacciones de tipo alérgico debe acudir al médico; sobre todo y con carácter de urgencia si:

La fiebre es muy alta.
Si concurren síntomas que afecten al sistema nervioso, especialmente a la visión.
La diarrea es sanguinolenta o con moco amarilloverdoso.
El paciente afectado es una persona mayor, inmunodeprimida o un niño.