Cada 28 de septiembre se celebra el Día Mundial de la Rabia, coincidiendo con el aniversario de Louis Pasteur quién desarrolló la primera vacuna contra esta enfermedad. La jornada tiene como objetivo educar e informar sobre la prevención de la rabia en la población de todo el mundo, con el objetivo de evitar las 55.000 muertes anuales que se producen en los países en los que la enfermedad es endémica.

La rabia es una enfermedad ancestral, descrita 2.000 años antes de Cristo, que tiene una amplia distribución mundial, afectando especialmente a África, Asia y América del Sur. En estos países la mayoría de las muertes se producen por mordedura de perro y un 40% de las víctimas son menores de 15 años.

La persistencia de la enfermedad se debe a factores como la alta densidad de la población canina en países endémicos, el bajo porcentaje de los perros sometidos a control sanitario, el largo periodo de incubación del virus y su eliminación a través de la saliva mucho antes de la aparición de los síntomas. Sin embargo, la transmisión de la enfermedad puede evitarse fácilmente mediante la vacunación de la población canina, el control de animales vagabundos o de dueño desconocido, la educación en la población de riesgo y el acceso a una atención médica apropiada e inmediata tras la mordedura.

En la actualidad, la mayoría de los recursos disponibles se destina a tratar a las personas mordidas, generalmente por perros de dueño desconocido o cuyo propietario no asume las responsabilidades en relación a la sanidad y vigilancia de su animal. Si se  atribuyeran una parte de esos recursos  a la vacunación y control de los perros se podrían reducir sensiblemente los casos de rabia humana y animal en el mundo. De hecho, la OMS establece que con el 70% de los animales vacunados se podría romper el ciclo epizoótico urbano del virus y proteger a la población humana.

En los países en los que la enfermedad se ha erradicado o ha quedado limitada a poblaciones animales silvestres (incluidos murciélagos), uno de los mayores peligros lo constituye la reintroducción de la enfermedad a partir de animales enfermos procedentes de países endémicos, que se han saltado todos los controles sanitarios y administrativos que en la actualidad prevé la normativa europea en nuestro caso.

En este sentido, y sin ir más lejos, a mediados de agosto de este año, Francia notificó un caso de rabia en un cachorro de 3 meses procedente de Marruecos, introducido de forma ilegal en el país tras atravesar en coche toda la península Ibérica (aunque no pernoctó en España).

Tras el diagnóstico del caso, 5 personas hubieron de ser vacunadas, otras 17 sometidas a control médico, y los 3 gatos de la familia eutanasiados. El animal había sido recogido en las proximidades de Rabat, y adoptado por una familia que se encontraba en Marruecos de vacaciones.

Este incidente pone de relieve nuevamente la necesidad de divulgar, entre los ciudadanos de países libres de la enfermedad como el nuestro, la conveniencia de tener en cuenta una serie de precauciones imprescindibles para prevenir situaciones de máximo riesgo como esta.

  • La introducción de cualquier animal en Europa, aunque sea de compañía, ha de realizarse cumpliendo los requisitos sanitarios y administrativos previstos, requisitos que no tienen otro objetivo que proteger nuestra salud y seguridad.
  • Si en un viaje encuentra un animal abandonado, o le ofrecen la adquisición de alguno, recuerde que esta enfermedad tiene un periodo de incubación muy largo, y que sin conocer sus antecedentes sanitarios está asumiendo un grave riesgo para su salud y para la de los suyos.
  • En la Comunidad de Madrid es obligatoria la vacunación antirrábica anual de los perros, recomendándose la de los gatos. Recuérdelo.
  • Ante cualquier conducta extraña de un animal de compañía, especialmente si no está vacunado contra la rabia, consulte a su veterinario.
  • En caso de contacto con murciélagos, acuda a su médico. Si uno de estos animales se introduce en su casa, facilítele la salida, y evite el contacto con él, especialmente si muestra un comportamiento anómalo.