A partir de los años 50 surgen las primeras manifestaciones de preocupación por el estado de degradación del medio ambiente y de sus nefastas consecuencias para la salud humana, la supervivencia de los ecosistemas y el desarrollo. En los sesenta se empezaron a concertar acuerdos y leyes para evitar la contaminación marina y en los setenta se redoblaron esfuerzos para ampliar la lucha contra la contaminación en otros ámbitos.

Esta concienciación llevo en 1968, a la asamblea general de las Naciones Unidas, a convocar una conferencia sobre el medio ambiente, con el propósito de establecer un estudio global y de hacer propuestas que pudieran poner fin a esta degradación.

La conferencia, que tuvo lugar en Estocolmo en 1972 , reconoció que las actividades realizadas hasta la fecha en nombre del progreso económico se acompañaban de efectos nefastos que habían degradado el medio ambiente y los sistemas que constituyen la base de la vida sobre la tierra. La declaración de Estocolmo, resalta que un numero importante de problemas medioambientales locales tienen una repercusión sobre todo el planeta y solamente la estrecha cooperación entre los diversos sectores sociales de todos los países y la puesta en marcha de actuaciones serias y coordinadas pueden aportar una respuesta coherente, eficaz y duradera.

Esta conferencia fue la base de varias resoluciones adoptadas por la asamblea general de la ONU entre las que destaca la creación del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente ( PNUMA ) principal organismo en esta materia en diciembre de 1972.

Se promovieron numerosas e importantes iniciativas a nivel regional, nacional e internacionales en diversas materias como la contaminación del aire, agua y alimentos, seguridad química y puesta en marcha de sistemas de vigilancia de contaminación. Aunque la prevención y promoción de la salud debería haber sido, lógicamente, el centro de los contenidos, no estuvo presente en los debates de Estocolmo ya que aunque ocupaba un importante lugar en los programas de los grupos ecologistas no era así en las políticas de medio ambiente de los poderes públicos.

En 1987, la Comisión de Medio Ambiente y Desarrollo de Naciones Unidas , publico un informe, conocido como informe Brundtland : “Nuestro Futuro Común”, en el que se analizan los métodos que permitirían asegurar el progreso de la humanidad respetando el medio ambiente. Así mismo, se estableció la primera definición internacionalmente reconocida de desarrollo sostenible como “el desarrollo que asegura las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para enfrentarse a sus propias necesidades”. Dicha definición incluye, por tanto, aspectos ambientales, económicos y sociales, desde una perspectiva solidaria intergeneracional.

El aspecto socioeconómico, no se incluye por justicia o solidaridad, sino por la evidencia de que el deterioro ambiental está asociado con la opulencia y estilos de vida de los países desarrollados y las clases elevadas de los países en desarrollo, la pobreza y la lucha por la supervivencia de los grupos marginados

Aunque las relaciones con la salud no fueron estudiadas de forma detallada en este informe, la preocupación por la salud estaba subyacente en todas partes. En 1990, la OMS estableció la Comisión de Salud y Medio Ambiente , que publico en 1992 el informe: “Nuestro Planeta Nuestra Salud”, que evalúa las consecuencias posibles para la salud de cambios medioambientales y subraya la importancia de la salud en el marco de un desarrollo sostenible y ecológicamente racional.

La conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y Desarrollo. “La Cumbre de la Tierra” , tuvo lugar en Río de Janeiro en 1992 , con el propósito de analizar la gravedad de la situación 20 años después de Estocolmo, establecer medidas para detener e invertir los efectos de la degradación del medio ambiente y promover un desarrollo sostenible y ecológicamente racional en todos los países.

El resultado principal de esta cumbre fue un documento titulado Agenda 21 en el que se define una estrategia general de desarrollo sostenible para todo el mundo, haciendo especial hincapié en las relaciones norte-sur entre países ricos y pobres. Contiene 40 capítulos dedicados a la protección y promoción de la salud, respaldados por el primer principio de la declaración: “Los seres humanos son el centro de las preocupaciones relativas al desarrollo sostenible y tienen el derecho a una vida sana y productiva en armonía con la naturaleza”.

En verano de 2002 , diez años después de Río, tuvo lugar en Johannesburgo la “Cumbre Mundial del Desarrollo Sostenible para evaluar los compromisos asumidos en Río y emprender acciones para promover el desarrollo sostenible.

Se elaboraron dos documentos fundamentales: uno político emitido por los Jefes de Estado y de Gobierno denominado “Declaración de Johannesburgo” y otro técnico llamado “Plan de Aplicación”.

En el primero, se identificaron los grandes retos a los que se enfrenta la humanidad para alcanzar el desarrollo sostenible: pobreza, subdesarrollo, deterioro del medio ambiente, desigualdades sociales y económicas. Jefes de Estado y de Gobierno de 190 países asumieron el compromiso de aunar esfuerzos para superar los principales obstáculos y se comprometieron a cumplir el Plan de Aplicación.

El Plan de Aplicación, aporta un balance de progresos cumplidos desde 1992, recomienda una serie de medidas para reducir la pobreza protegiendo el medio ambiente y establece cinco estamentos prioritarios en los que resultados concretos son tan importantes como realizables: agua y saneamiento , energía, productividad agrícola, biodiversidad y salud.

En lo referente a salud, se solicitaron iniciativas internacionales que establecieran lazos de unión entre salud y medio ambiente para explotar los conocimientos adquiridos y encontrar soluciones políticas locales y globales mas eficaces para hacer frente a los riesgos.

Desde cualquier punto de vista, la Cumbre de Johannesburgo ha puesto los cimientos y ha abierto el camino para la acción. No ha aportado ninguna solución mágica, pero sí la mentalización de que era necesario adoptar medidas prácticas y sostenidas para enfrentarse a muchos de los problemas más acuciantes que existen en el mundo

Se han establecido algunas metas importantes y concretas, como reducir a la mitad el número de personas que no tienen acceso a servicios básicos de saneamiento en 2015; producir y utilizar productos químicos siguiendo métodos sin efectos negativos importantes sobre la salud humana y el medio ambiente para 2020; mantener o restablecer, a ser posible para 2015, las poblaciones de peces agotadas a niveles que puedan dar la producción máxima sostenible; y lograr para 2010 una reducción importante la actual pérdida de biodiversidad.

No se puede negar que 25 años después de Estocolmo hemos sido testigos de importantes progresos en cuestiones medioambientales y hemos llegado a acuerdos internacionales que inician y encauzan el camino hacia un desarrollo sostenible global basado en las acciones locales. Tenemos que asumir que en numerosos campos los progresos han sido mas lentos de lo previsto. Algunas convenciones, esenciales para la salvaguarda de nuestro planeta, no siempre han sido ratificadas por la existencia de conflictos entre los principios de protección de la salud y el medio ambiente y el desarrollo económico, industrial y comercial. Sin embargo, …. hemos iniciado el camino.