Primero compraremos los productos que no necesiten frío para su conservación (latas, pastas, legumbres, etc.), luego los alimentos refrigerados y por último los congelados.

Los alimentos congelados debemos comprarlos justo al final de nuestra compra, cuando nos dirijamos al pago en el lineal de cajas, de esta forma estos productos sufrirán lo menos posible la ruptura de la cadena del frío. Sería aconsejable la utilización de una bolsa o nevera isoterma para su traslado al hogar.