Elementos que intervienen en un accidente: huésped, agente y medio

¿A quién debe dirigirse la formación?

La formación en prevención y medidas de Reanimación cardiopulmonar (RCP) básica debe dirigirse a toda la población. Sin embargo, un objetivo tan ambicioso no puede conseguirse en poco tiempo y, por tanto, es necesario plantearse un plan de formación estratificado y por etapas.

Formación a personal específico

En primer lugar es necesario seleccionar a la población que tiene más posibilidades de atender situaciones de urgencia vital, como son los profesionales sanitarios, padres y familiares de personas con riesgo de muerte súbita, bomberos, policías, socorristas, servicios de seguridad, profesores y educadores, cuidadores de guarderías y de centros de la tercera edad y monitores de tiempo libre. Los profesionales que trabajan en servicios de atención directa al ciudadano o en la vía pública, son frecuentemente el primer eslabón de la cadena de supervivencia, y por tanto la formación en RCP básica de este colectivo es también una tarea prioritaria.

Formación a la población general

En segundo lugar hay que realizar una formación transversal que abarque a la mayor parte de la población de forma homogénea y obligatoria.

1. Formación en la escuela

La etapa escolar es sin duda el momento más adecuado para recibir la formación en promoción de la salud, prevención de accidentes y medidas de reanimación. Sus ventajas son las siguientes:

  • La formación durante el periodo escolar permite un fácil acceso a la mayoría de la población.
  • La formación se realiza en la etapa de la vida con mayor capacidad de aprendizaje y en la que existe una gran motivación.
  • El efecto de la formación en prevención es más duradero y es capaz de estimular y/o modificar los hábitos de conducta.
  • La formación escolar permite no sólo realizar una enseñanza inicial sino un reciclaje en cursos superiores, lo que refuerza significativamente el aprendizaje.
  • Es fácil integrar la formación en prevención y RCP básica en la educación para la salud dentro del currículo escolar.
  • Los profesionales de la educación que son quienes mejor conocen los métodos más adecuados para la enseñanza a esta edad, pueden formarse como instructores de RCP básica, integrando esta actividad de forma duradera en la escuela.

Sobre la mejor edad para realizar esta formación en la escuela, hay distintas opiniones en cuánto a la formación inicial. Aunque algunos estudios han demostrado que a partir de los 10 años existe suficiente habilidad para realizar RCP básica, e incluso algunos los han iniciado a los 6-7 años, probablemente la edad más adecuada para realizarla, por la maduración física y psicológica del niño, sea entre los 12 y 14 años. En nuestra opinión, en edades inferiores deben enseñarse medidas de prevención pero no de atención a situaciones de urgencia ni RCP.

Es necesario un reciclaje a los 15-16 años para reforzar los conocimientos y habilidades prácticas.

Hay que tener en cuenta que existen dificultades para la formación en la escuela. Entre las más importantes se citan:

Escasez de tiempo en el currículo escolar: éste es uno de los argumentos más utilizados para no desarrollar la formación en la escuela. Sin embargo, aunque es cierto que puede existir una sobrecarga de contenidos en dicho currículo, es imprescindible que tanto las autoridades como los profesionales de la educación sean conscientes de las prioridades en la formación escolar. Por desgracia, con frecuencia se olvida que el objetivo de la educación, además de conseguir que el alumno adquiera conocimientos teóricos, también es que se forme como individuo, alcanzando unos valores éticos, unos conocimientos intelectuales y unas habilidades culturales y sociales que faciliten su integración en la sociedad y tengan una repercusión positiva en la misma. Es evidente que la formación en prevención y RCP básica tiene una importante repercusión social y sanitaria. Más aún, esta actividad puede cumplir un papel educativo importante en la formación del niño al estimular los valores solidarios y el desarrollo de la responsabilidad.

Problemas de formación del profesorado: una parte esencial de la formación en RCP básica de los alumnos debe recaer en los profesores. Esto implica una mentalización, incentivación y formación previa de los mismos como instructores de RCP básica. Para que la formación sea efectiva la comunidad educativa debe integrar plenamente la educación en prevención y RCP básica como una actividad más dentro del currículo escolar. Es necesario organizar no sólo la formación del profesorado sino un sistema de apoyo y evaluación continuado que evite la sobrecarga de tareas y la inseguridad del profesorado ante esta nueva actividad.

Equipamiento y fondos económicos: la formación en RCP básica conlleva unos costes económicos (compra de maniquíes, coste de los cursos de formación a instructores y de la evaluación) que un plan de formación a largo plazo debe tener en cuenta. El inicio del proceso formativo supone el coste económico más importante. Sin embargo, una vez implantada la formación en cada centro escolar los costes son pequeños.

2. Formación en empresas

Otros posibles lugares de formación en RCP básica en grupo son las empresas. En algunos centros de trabajo se han establecido métodos de formación en prevención y RCP básica coordinados por el servicio de prevención de riesgos laborales. En la ciudad de Madrid, desde los Centros Madrid Salud del Ayuntamiento de Madrid, se han realizado experiencias de formación a los profesionales de la Federación de Esclerosis Múltiple, de MAPFRE, de la Confederación Estatal de Minusválidos Físicos, de la UNED, del Colegio de Farmacéuticos, de los Centros de Formación del Profesorado y en Centros Culturales.

También se ha impartido la formación al personal del Ministerio de Fomento, de las Juntas de Distrito, a los Técnicos de Prevención de Adicciones y a los funcionarios del Ayuntamiento de Madrid.

3. Autoescuelas

Se ha planteado que la formación práctica en RCP básica fuera un requisito previo a la obtención del permiso de conducir. Esto ayudaría a potenciar las medidas de prevención de los accidentes y abarcaría a gran parte de la población a una edad joven. Si esta formación va a depender de autoescuelas es imprescindible organizar un sistema de capacitación previa de su personal como instructor, de acreditación y evaluador.

4. Formación voluntaria

La formación puede ser también voluntaria organizada por instituciones oficiales (organizaciones sanitarias, ayuntamientos, colegios profesionales, sindicatos) o privadas (escuelas de tiempo libre, asociaciones de vecinos, etc.). Esta formación se realiza en el entorno físico y cultural más próximo a las personas, lo que facilita su aceptación. Sin embargo, por su carácter voluntario, generalmente sólo llega a las personas más sensibilizadas. Por tanto, debe ser considerada como un método complementario de la formación general obligatoria.

Maria José Sastre Carrera. Centro Madrid Salud de Chamberí. Instituto de Salud Pública. Ayuntamiento de Madrid

Jesús López-Herce Cid. Cuidados Intensivos Pediátricos. Hospital Gregorio Marañón. Madrid.

Álvaro Díaz Conradi. Hospital de Nens. Barcelona.

Bibliografía

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