Durante años se conocen los efectos perjudiciales del ruido, ya en la época de los romanos y en la Edad Media se limitaba durante la noche el paso de carruajes por las calles de las ciudades, para preservar el sueño nocturno de los ciudadanos. La contaminación acústica ha recibido menos dedicación que otras contaminaciones como la del agua ó la de la atmósfera, posiblemente porque en ocasiones se ha considerado el ruido como un mal inevitable y siempre ligado al desarrollo y al progreso. Las definiciones dadas al ruido han sido múltiples, personalmente la que más se acerca a nuestro concepto de salud sea la de, sonido no deseado, desagradable, cuya sensación y percepción alteran el bienestar de la persona.

El ruido ambiental es uno de los principales problemas medioambientales de Europa, situaciones como el tráfico, actividades industriales y las derivadas del ocio son las causantes de la mayoría de los ruidos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo define como un tema de Salud Pública importante, más del 80% de las personas que viven en las ciudades se encuentran sometidas a soportar niveles superiores de los que serían recomendables. El ruido paradójicamente es una contaminación silenciosa, y como tal, pasa inadvertida. El poder de adaptabilidad de las personas al ruido es grande, la población no se protege y no es consciente de que nuestro oído es una herramienta básica para la comunicación. El progresivo aumento de lesiones auditivas irreversibles que nos aparecen, no se deben a la edad de las personas, sino al aumento de decibelios (db) que de una forma continuada mantenemos en nuestro día a día. El ruido es nocivo cuando molesta, pero sonidos menores y mantenidos de forma prolongada, producen lesiones en nuestros oídos al cabo del tiempo.

Desde 1980, la Organización Mundial de la Salud ha abordado el problema del ruido, se han creado guías y manuales para estudiar el ruido urbano y sus efectos sobre la salud, se ha aprendido a manejar el ruido creando normas y pautas de prevención, descubriendo opciones para reducirlo. La creación de innovadores modelos preventivos junto con mapas poblacionales de ruido, nos han ayudado a reducir los efectos indeseables que sobre la salud produce éste intruso silencioso. Sus consecuencias sobre la salud se nos presentan dentro de un abanico de decibelios, desde sonidos de fondo que no deben exceder de los 30 db para que podamos conciliar el sueño, pasando por valores de 55-60 db que causan molestias en las personas, 65 db nos producen trastornos del comportamiento, llegamos hasta ruidos superiores a 90 db que mantenidos de forma habitual y durante mucho tiempo, nos provocarán la perdida de la audición. Estudiando más a fondo los efectos de la contaminación acústica sobre la salud, los perjuicios ocasionados en la persona van desde trastornos puramente fisiológicos, como la perdida progresiva de la audición, hasta los psicológicos, como la irritación y el cansancio que nos provocarán una disminución de la actividad en nuestra vida cotidiana, tanto en el rendimiento laboral (el ruido afecta al 40% de los trabajadores españoles) como en la relación con los demás.

La lista de consecuencias producidas por el ruido es larga, a la mala comunicación interpersonal, perturbación del sueño y estrés, se une la disminución del rendimiento y la concentración, así como alteraciones cardiovasculares y metabólicas que se manifiestan con aumentos de presión arterial y problemas del ritmo cardiaco, junto con aumento de los niveles de colesterol y glucosa en sangre. Importantes revistas científicas como la “European Journal of Epidemiology”, arroja datos tan relevantes de cómo la contaminación acústica unida a otras variables como el frío, calor, ozono y partículas como las PM10 y PM 2,5 están relacionadas con el aumento de ingresos hospitalarios. El estudio realizado en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid en periodo comprendido desde enero de 1995 a finales del mes de diciembre del año 2000, demuestra que el ruido fue la variable medioambiental más relacionada con el aumento de ingresos hospitalarios.

La importancia del problema ha obligado a nuestro país a desarrollar una legislación adecuada que ayudara a minimizar los efectos indeseables que el ruido provoca en nuestra salud. La Ley 37/2003 de 17 de noviembre, del Ruido, ha sido desarrollada recientemente por el Real Decreto 1367/2007 de 19 de octubre, en lo referente a zonificación acústica, objetivos de calidad y emisiones acústicas. La continua elaboración de mapas de ruido territoriales a nivel estatal, siendo desarrollados por ciudades, nos ha llevado a descubrir los valores de emisión é inmisión acústica, pudiendo monitorizar la exposición de los seres humanos al ruido.

Debemos considerar al ruido como una de las plagas más importantes de la actualidad. Cualquier plan de acción encaminado a seguir protegiendo a la población del ruido urbano, la aplicación de la legislación vigente y el apoyo a proyectos de investigación, nos ayudarán a mitigar los efectos que el ruido produce sobre los seres humanos.