Grupo de niños de 7 a 12 años

Como apoyo al programa también se elaboraron unas “guías para padres” que tienen como objetivo el proporcionar una información útil y necesaria para los padres con hijos en distintas edades.

En estas guías se mencionan los aspectos más relevantes sobre el desarrollo físico y psicosocial del niño, así como los principales cuidados que precisan los niños de cada edad. De esta forma, aquellos padres que no puedan o no deseen participar en el taller podrán conocer algunos de los aspectos de más interés sobre el cuidado y la crianza de sus hijos.

A continuación se ha seleccionado parte de la información y los consejos que los padres pueden encontrar en estas guías.

Guía para padres “Ayudando a crecer, 7 a 12 años”

Durante este período el niño o la niña experimenta un crecimiento lento y uniforme, crece alrededor de 6 cm. al año y aumenta de peso 2 ó 3 kg anualmente; al final de la etapa puede comenzar el estirón puberal, sobre todo en las niñas. Aumenta la fuerza muscular y mejora la coordinación motora lo que le permite practicar la mayoría de los deportes. Hacia los diez a trece años en las niñas y los doce a catorce en los niños suele comenzar el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios, es decir, del crecimiento de las mamas y la aparición de vello axilar y púbico y de la primera menstruación en las chicas, así como del crecimiento del tamaño de los genitales y aparición del vello axilar, púbico y facial en los chicos.

En cuanto al desarrollo psicosocial, este período se ha considerado clásicamente como el momento en que se alcanza el uso de razón , también se conoce como período de latencia. Es una etapa de relativa calma entre dos períodos mucho más turbulentos, el de la primera infancia y el de la adolescencia.

A esta edad la vida del niño está muy centrada en la escuela, muestra un gran interés por aprender. Frente al pensamiento mágico de la etapa anterior, el niño desarrolla un pensamiento más realista y racional. Es más capaz de aceptar las normas escolares y más paciente para realizar sus tareas. A lo largo de estos años adquiere muchos conocimientos, como la lectura, la aritmética, que le van a reportar beneficios para su vida cotidiana, lo que le hace mostrarse muy satisfecho delante de sus padres y de otros niños. El profesor juega un importante papel como modelo de identificación y a menudo, sobre todo en los primeros años de esta etapa escolar, el niño siente una admiración desmedida por su profesor o profesora, lo que aumenta su deseo de aprender. Los padres deben conocer y prestar atención a las cuestiones escolares, pero sin tratar de controlarlas, sin ejercer de profesores en casa.

Es importante favorecer las relaciones con compañeros, vecinos y amigos, pero la familia sigue jugando un papel fundamental y en ella va a encontrar un lugar seguro donde se podrá refugiar cuando tenga dificultades al aventurarse en el mundo exterior.

Es normal que surjan conflictos entre los hermanos, conflictos que si se han ido marcando unas pautas de conducta claras en la familia y se presta atención a la individualidad de cada hijo sin establecer continuas comparaciones, se favorecerá un comportamiento más positivo.

En lo que respecta a los hábitos saludables que conviene adquirir o afianzar en esta etapa, hay que señalar que el niño o la niña ya puede ser responsable de su propia higiene, aunque los padres deberán ejercer una cierta supervisión. Es importante inculcar hábitos de orden y darle responsabilidades progresivamente crecientes en las tareas domésticas. Sin olvidar la necesidad de asegurar un tiempo adecuado de descanso que no debe ser inferior a las ocho o diez horas de sueño nocturno, procurando un ambiente relajado a la hora de acostarse y fijando una hora para irse a al cama. La lectura de un libro o una música suave puede ser un buen acompañamiento para irse a dormir.

A pesar de que una buena alimentación es importante en cualquier etapa de la vida, en la infancia esto cobra mayor importancia porque el niño experimenta un gran crecimiento y desarrolla una considerable actividad física y, además, es una época en la que se adquieren hábitos que va a perdurar toda la vida. Como se trata de un período amplio, habrá que adaptar el consumo de energía a las características individuales de cada niño o niña (tamaño, actividad física, edad, etc.).

En general, hay que recordar que conviene realizar cuatro o cinco comidas diarias y destacar la importancia de realizar un desayuno completo (leche, cereales, fruta, pan tostado…) antes de ir al colegio. Por lo demás, se aconseja consumir una dieta variada y equilibrada, moderando el consumo de grasas y dulces y evitando las bebidas estimulantes y gaseosas, así como el consumo frecuente de las llamadas comidas rápidas (hamburguesas, pizzas, precocinados, etc.). Es muy recomendable que el niño colabore y participe en la compra y preparación de los alimentos, y si como en el colegio, habrá que tener en cuenta el menú escolar para complementar el resto de la dieta diaria.

El juego sigue constituyendo un papel fundamental para los niños de esta edad. Normalmente prefieren juegos compartidos y tienden a agruparse por sexos, los niños con los niños y las niñas con las niñas. Surge la competitividad en el juego, en el deporte, etc. Al contrario de lo que ocurre en edades más precoces, son capaces de aceptar normas y reglas, incluso tienden a ser un poco maniáticos y obsesivos en sus juegos.

Conviene que dispongan de un lugar adecuado para poder realizar actividades que requieren cierta concentración, como la lectura, la escritura, las tareas escolares, y que dediquen diariamente un tiempo a este tipo de actividades. Es importante no sobrecargar a los niños con un exceso de actividades extraescolares, así como respetar sus gustos y aficiones a la hora de elegirlas, sin olvidar que deben realizar actividades al aire libre.

El tiempo dedicado a ver la televisión favorece la pasividad, la falta de creatividad, condiciona una menor capacidad de comunicación social y limita la realización de otras actividades. Además del tiempo, conviene asegurarse de que los contenidos que se vean sean adecuados. Estas mismas recomendaciones son aplicables a la utilización del ordenador y las videoconsolas.

Como en los años anteriores y posteriores se aconseja acudir anualmente a la consulta de Pediatría para hacer un examen de salud y valorar el peso, la talla, la dentición, la visión, el aparato locomotor, la tensión arterial, la vacunación, etc.

Los accidentes suponen la principal causa de mortalidad en estas edades y por ello debemos aplicar medidas preventivas encaminadas hacia el conocimiento y respeto de las normas, así como a la aplicación de medidas protectoras. El papel de los padres será el de dar a sus hijos una autonomía cada vez mayor, asegurándose de que están bien preparados cuando vayan a realizar alguna actividad que pueda entrañar peligro, sin olvidar que el niño aprende, sobre todo, a través de lo que ve y no sólo a través de lo que se le dice.

En el hogar conviene prestar especial atención al fuego, la electricidad, el gas y los juegos peligrosos en general, así como evitar los juegos violentos y las peleas. Fuera del hogar habrá que enseñarle a evitar, sobre todo, los accidentes de tráfico. Como peatón, es imprescindible mostrarle la importancia de cruzar por los lugares adecuados y de respetar los semáforos. Como conductor (bicicleta), hay que acostumbrarle a respetar las normas de tráfico, a circular por la derecha y avisar con antelación cuando vaya a realizar alguna maniobra, además de utilizar ropa adecuada y llevar siempre casco. Finalmente, como pasajero, deberá aprender a viajar en el asiento trasero del automóvil e ir siempre bien sujeto, utilizando además del cinturón de seguridad, un asiento elevador hasta que alcance la talla suficiente.

También deberá tomar precauciones especiales cuando realice actividades deportivas, utilizando el equipo adecuado y siguiendo las instrucciones del entrenador. Cuando se bañe en el mar, lagos, piscinas, etc., deberá saber nadar y estar vigilado por un adulto. Le enseñaremos a amar y respetar a los animales y a no provocarlos ni hacerles daño.

Y por último, hay que tener siempre presente que para el niño es muy importante sentirse querido, valorado y aceptado como es y que los padres deben favorecer su autonomía e independencia y hacerle sentir que se respetan sus decisiones y que sus opiniones son tenidas en cuenta; sin olvidar que el hogar debe ser para los niños un lugar seguro en el que se sientan tranquilos y a gusto.

Mª Teresa Benítez Robredo
Isabel Junco Torres