Regular el hábito

Se trata de programar el intento defecatorio de la siguiente manera: probar todos los días se sienta o no necesidad, siempre a la misma hora y durante un tiempo determinado (10 ó 15 minutos), en un ambiente con la máxima intimidad.

Se escogerá el momento más cómodo o de mayor tranquilidad, preferiblemente después de una comida por ser cuando el trabajo intestinal es mayor. No hay que insistir más tiempo del prefijado.

Se puede utilizar un supositorio de glicerina para estimular el reflejo anorrectal treinta minutos antes de la hora establecida.

También puede ser útil adoptar posiciones más favorecedoras de la defecación como es la postura en cuclillas. Para conseguirla se colocan los pies sobre unos soportes de unos 15 cm de altura, se flexionan los muslos y se contraen los músculos abdominales, esto aumenta la presión intraabdominal que colabora en el aumento de presión intrarrectal, y también se favorece la rectificación (apertura) del ángulo recto-anal.

Revisión de fármacos

Se realizará una revisión exhaustiva en orden a retirar en la medida de lo posible los fármacos que favorecen el estreñimiento.

Incrementar la actividad física

La inmovilidad y la inactividad física predisponen al estreñimiento. Se debe estimular la actividad física regular en función de la capacidad de cada uno. Es aconsejable realizarla en forma de paseos diarios y ejercicios que fortalezcan la musculatura abdominal y la del suelo pélvico. En los personas encamadas, el cuidador debe realizar masajes abdominales y ejercicios de movilidad pasiva.

Tratamiento psicológico

Está indicado en muchos casos de síndrome del intestino irritable, en pacientes con enfermedad psiquiátrica subyacente, y casos en que existe una auténtica obsesión con el hábito intestinal.

Medidas reeducadoras -biorretroalimentación-

Su principal indicación es en casos en que existe una inadecuada coordinación entre los músculos del suelo pélvico. Su objetivo es aprender a relajar los músculos del suelo pélvico y del esfínter anal externo durante la defecación, a disminuir el umbral de percepción rectal y aumentar la presión intraabdominal. Para ello se hace defecar al paciente mediante estímulos rectales repetidos, conseguidos con la distensión de un balón rectal, mientras que él mismo comprueba la relajación muscular visualizando el registro de una manometria anorrectal o electormiografía del esfínter anal externo.